Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Pero por fin el dÃa comenzó a darse cuenta de que estaba envejeciendo. Entonces, una cierta melancolÃa cayó sobre su belleza, apagándola y aumentándola al mismo tiempo: los ángulos agudos y los puntos brillantes se diluyeron en curvas y reflejos. El puerto blanco se vistió de suaves grises y rosados; las colinas lejanas se volvieron color amatista.
—El año viejo se está yendo de una manera hermosa —dijo Ana.
Leslie, Gilbert y ella se encaminaban a la Punta de Cuatro Vientos, pues habÃan planeado esperar el Año Nuevo en el faro con el capitán Jim. El sol se habÃa puesto y en el cielo sudoccidental pendÃa Venus, gloriosa y dorada, tras acercarse a su hermana la Tierra lo máximo posible. Por primera vez, Ana y Gilbert vieron la sombra que arroja la brillante estrella del crepúsculo, esa sombra suave y misteriosa que se ve sólo cuando está la blanca nieve para revelarla, e incluso asà es una visión escurridiza, que desaparece cuando se la mira directamente.
—Es como el espÃritu de una sombra, ¿no? —susurró Ana—. Se la ve claramente si miras hacia adelante, pero cuando te vuelves y la vuelves a mirar, desaparece.