Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Tengo que hablar, tengo que hablar. Cuando supe que vivirÃas, juré contártelo apenas estuvieras bien, juré que no continuarÃa aceptando tu amistad y tu compañÃa sin decirte lo poco que me las merezco. Y he tenido tanto miedo de que me dieras la espalda.
—No tenÃas por qué tenerlo, Leslie.
—Ah, me alegro tanto, tanto, Ana. —Leslie juntó las ásperas manos trabajadoras para evitar que le temblaran—. Pero quiero decÃrtelo todo ahora que he empezado. Tú no recuerdas la primera vez que te vi, supongo, no fue aquella noche en la costa…
—No, fue la tarde en que Gilbert y yo llegamos. Tú llevabas tus gansos colina abajo. ¡Si lo recordaré! Me pareciste tan hermosa, que estuve preguntándome quién serÃas durante semanas.
—Yo sabÃa quién eras tú, aunque no habÃa visto a ninguno de los dos antes. HabÃa oÃdo decir que el nuevo doctor y su esposa vendrÃan a vivir en la casita de la señorita Russell. Te… te odié en aquel mismo momento, Ana.
—Sentà el resentimiento en tus ojos, pero luego dudé, pensé que me equivocaba, pues, ¿por qué podÃa ser?