Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Trabajaremos en colaboración —exclamó Owen, encantado—. Usted pondrá el alma y yo el cuerpo. Ah, entre los dos escribiremos un libro que se hará famoso, capitán Jim. Y nos pondremos a trabajar en seguida.
—¡Y pensar que el que escribirá mi libro será el nieto del maestro de escuela! —exclamó el capitán Jim—. Muchacho, su abuelo fue mi amigo más querido. Yo pensaba que no habÃa nadie como él. Ahora veo por qué tuve que esperar tanto. No podÃa ser escrito hasta que no apareciera el hombre indicado. Usted pertenece a este lugar, tiene el alma de esta vieja costa norteña, es el único que puede escribirlo.
Acordaron que Owen dispondrÃa del cuartito que habÃa junto a la sala, en el faro, para trabajar. Era necesario que el capitán Jim estuviera cerca mientras el joven escribÃa, para poder consultarle sobre muchos temas relativos al mar y al golfo que Owen ignoraba completamente.
Comenzó a trabajar en el libro a la mañana siguiente, y puso manos a la obra con cuerpo y alma. En cuanto al capitán Jim, aquel verano fue un hombre feliz. Consideraba el cuartito donde trabajaba Owen un altar sagrado. Owen se lo consultaba todo, pero no le permitÃa ver el manuscrito.
—Debe esperar a que esté publicado —dijo—. Asà lo tendrá en su mejor forma.