Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Hurgó en los tesoros del libro de la vida y los utilizó libremente. Soñó con la perdida Margaret y pensó en ella hasta que la joven se convirtió en una vivida realidad y vivió en sus páginas. A medida que el libro avanzaba, se apoderaba de él; Owen trabajaba con fervorosa ansiedad. Les permitió a Ana y a Leslie leer el manuscrito y criticarlo, y el último capítulo del libro, (el cual, más adelante, los críticos se complacerían en denominar «idílico») fue modelado sobre la base de una sugerencia de Leslie.
Ana se congratulaba a sí misma, encantada con el éxito de su idea.
—Apenas vi a Owen Ford, supe que era el hombre apropiado —le dijo a Gilbert—. Tenía el sentido del humor y la pasión pintados en la cara, y estos elementos, junto con el arte de la expresión, eran lo necesario para escribir semejante libro. Como diría la señora Rachel, estaba predestinado para el papel.