Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Owen Ford escribía por las mañanas. Las tardes las pasaba por lo general paseando con los Blythe. Leslie iba a menudo, porque el capitán Jim solía hacerse cargo de Dick para liberarla. Salieron en bote por el puerto y por los tres ríos que en él desembocaban; comieron almejas en el banco y mejillones en las rocas; recogieron fresas en las dunas, salieron a pescar bacalao con el capitán Jim, cazaron chorlitos en los campos de la costa y patos silvestres en la caleta, por lo menos los hombres. Al anochecer, vagabundeaban por las tierras bajas y cubiertas de margaritas de la costa, bajo una luna dorada, o se quedaban sentados en la sala de la casita donde, con frecuencia, la frescura de la brisa marina justificaba encender el fuego del hogar, y hablaban de los mil temas que pueden encontrar jóvenes felices, entusiastas e inteligentes.