Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No, a menos que llueva. Queremos casarnos en el jardÃn, con el cielo azul sobre nuestras cabezas y la luz del sol entre nosotros. ¿Sabéis cuándo y dónde me gustarÃa casarme, si pudiera? Al amanecer, un amanecer de junio, con una espléndida salida de sol y rosas en flor en los jardines. Yo irÃa suavemente a encontrarme con Gilbert y juntos irÃamos al corazón del bosque de hayas y allÃ, bajo las arcadas verdes que formarÃan una espléndida catedral, nos casarÃamos.
Marilla hizo un gesto despectivo y la señora Lynde se horrorizó.
—Pero eso serÃa muy raro, Ana. Ni siquiera parecerÃa legal. ¿Qué dirÃa la señora Harmon Andrews?
—Ah, ésa es la cuestión —suspiró Ana—. Hay tantas cosas en la vida que no podemos hacer por miedo a lo que dirÃa la señora Harmon Andrews. Cierto que es una pena, y una pena es que sea cierto. ¡Cuántas cosas encantadoras podrÃamos hacer de no ser por la señora Harmon Andrews!
—Hay momentos, Ana, en que no estoy muy segura de entenderte —se quejó la señora Lynde.
—Ana siempre fue una romántica —dijo Marilla, como pidiendo disculpas.
—Bien, la vida de casada seguramente la curará —respondió la señora Rachel para reconfortarse.