Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Bien, y están Diana, Fred, el pequeño Fred, Ana Cordelia y Jane Andrews. Me encantarÃa que vinieran la señorita Stacey, la tÃa Jamesina, Priscilla, Stella… Pero Stella está en Vancouver y Pris en Japón, la señorita Stacey está casada en California y la tÃa Jamesina se fue a la India a explorar la misión de su hija, a pesar de su miedo a las serpientes. Es verdaderamente espantoso cómo la gente se disemina por todo el planeta.
—El Señor no lo planeó asÃ, no, señor —dijo la señora Rachel con energÃa—. En mi juventud, la gente crecÃa, se casaba y se establecÃa en el lugar donde habÃa nacido, o muy cerca. Gracias al cielo que tú te quedarás en la isla, Ana. Yo temÃa que Gilbert insistiera en irse al confÃn del mundo cuando terminara la carrera y te arrastrara con él.
—Si todo el mundo se quedara donde nació, los lugares estarÃan repletos, señora Lynde.
—Ah, no voy a discutir contigo, Ana. Yo no tengo un tÃtulo de bachiller. ¿A qué hora será la ceremonia?
—Hemos decidido que al mediodÃa, a las doce del mediodÃa, como dicen los cronistas sociales. Asà tendremos tiempo de tomar el tren de la tarde a Glen St. Mary.
—¿Y os casaréis en la sala?