Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Que Leslie no sospeche que usted conoce su secreto —se apresuró a decir Ana—. Creo que le dolerÃa.
—ConfÃa en mÃ, querida Ana. No nacà ayer. ¡Ah, malditos sean todos los hombres! Para empezar, uno de ellos le arruinó la vida a Leslie, y ahora otro de la tribu viene a hacerla aún más desgraciada. Ana, este mundo es un lugar espantoso, créeme.
—«Hay algo en el mundo, errado, que algún dÃa será corregido» —recitó Ana, soñadora.
—Si es cierto, será en un mundo donde no haya hombres —dijo la señorita Cornelia, sombrÃa.
—¿Qué han estado haciendo los hombres ahora? —preguntó Gilbert, que entraba en ese momento.
—¡Daño, daño! ¿Qué otra cosa saben hacer?
—Fue Eva la que comió la manzana, señorita Cornelia.
—Fue una criatura del sexo masculino quien la tentó —replicó la señorita Cornelia con aire triunfal.