Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Gilbert y Ana discuten
Gilbert apartó el voluminoso libro de medicina que había estado consultando hasta que la creciente oscuridad del atardecer de marzo lo hizo desistir. Se reclinó en su silla y miró con aire meditativo por la ventana. Comenzaba la primavera: probablemente la peor época del año. Ni siquiera la puesta del sol podía redimir el paisaje muerto y el hielo negruzco del puerto sobre el que se posaron sus ojos. No había señal visible de vida, a excepción de un gran cuervo negro que volaba solitario por encima de un campo plomizo. ¿Sería un cuervo padre, con una negra pero hermosa esposa cuerva esperándolo en los bosques más allá de Glen? ¿O sería un brillante joven cuervo soñando con seducir a una cuerva? ¿O sería un cínico cuervo solterón, convencido de que el que viaja solo viaja más rápido? Fuera lo que fuere, pronto desapareció con su lobreguez y Gilbert se volvió a una escena más grata dentro de la casa.
