Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos El capitán Jim guardó la red de pescar en la que estaba trabajando y los recibió con alegrÃa. A la luz penetrante del atardecer de primavera, Ana lo veÃa más viejo que nunca. TenÃa el cabello mucho más gris y las fuertes manos temblaban un poco. Pero los ojos azules eran claros y firmes y por ellos asomaba el alma leal, galante e intrépida.
El capitán Jim escuchó en un asombrado silencio mientras Gilbert decÃa lo que habÃa ido a decir. Ana, que sabÃa cómo el viejo adoraba a Leslie, estaba segura de que tomarÃa partido por ella, aunque no tenÃa muchas esperanzas de que este hecho influyera en Gilbert. Se sorprendió, por lo tanto, más allá de toda medida, cuando el capitán Jim, lenta y penosamente pero sin vacilar, dijo que su opinión era decÃrselo a Leslie.
—Ah, capitán Jim, no pensé que usted dirÃa eso —exclamó, en tono de reproche—. Pensé que no querrÃa que Leslie tuviera más problemas.
El capitán Jim negó con la cabeza.