Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —SÃ… una vez —admitió Ana, sintiendo que hasta ahà podÃa avanzar.
—Bien, yo no tenÃa ninguna razón para pensar que sÃ, pero se me ocurrió que tenÃa que quererla. Ahora bien, Ana querida, el Señor sabe que yo no soy una casamentera y que desprecio esos menesteres. Pero si yo fuera tú y le escribiera al Ford ése, mencionarÃa, como de pasada, lo sucedido. Eso es lo que yo harÃa.
—Claro que lo mencionaré cuando le escriba —dijo Ana, algo distante.
Por alguna razón, no podÃa hablar de este tema con la señorita Cornelia. Y sin embargo, tenÃa que admitir que el mismo pensamiento habÃa estado agazapado en su mente desde el momento en que se enteró de que Leslie era libre. Pero no lo profanarÃa poniéndolo en palabras.
—Claro que no hay prisa, querida. Pero Dick Moore murió hace trece años y Leslie ya ha desperdiciado buena parte de su vida por él. Veremos qué resulta de esto. En cuanto a George Moore, a quien le ha dado por volver a la vida cuando todo el mundo lo creÃa muerto y enterrado —tÃpico de un hombre—, lo siento por él. No encajará en ningún lado.