Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Gilbert rió y apretó con más fuerza la mano de la muchacha que llevaba el anillo que él le habÃa regalado. El anillo de compromiso de Ana era un cÃrculo de perlas. Ella no habÃa querido un diamante.
—Nunca me han gustado mucho los diamantes, sobre todo desde que averigüé que no eran del precioso color púrpura que imaginaba. Siempre me recordarán mi amarga desilusión.
—Pero dicen que las perlas traen lágrimas —habÃa objetado Gilbert.
—No le tengo miedo a eso. Y las lágrimas también pueden ser de felicidad. Mis momentos de mayor felicidad han sido cuando he tenido lágrimas en los ojos: cuando Marilla me dijo que podÃa quedarme en Tejas Verdes, cuando Matthew me dio el primer vestido bonito que tuve en mi vida, cuando me dijeron que te curarÃas de la fiebre. De modo que quiero que me regales un anillo de compromiso con perlas, Gilbert, que con gusto aceptaré las penas de la vida junto con sus alegrÃas.
Pero aquella noche nuestros amantes pensaban sólo en las alegrÃas. Al dÃa siguiente contraerÃan matrimonio y su casa de los sueños los esperaba en la brumosa y purpúrea costa del Puerto de Cuatro Vientos.