Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Bien, hay algo bueno en las familias grandes —dijo la señorita Cornelia con un suspiro—. Yo fui hija única durante ocho años y tenÃa muchas ganas de tener un hermano y una hermana. Mi madre me dijo que rezara para que viniera uno y yo recé, créeme que recé. Bien, un dÃa viene mi tÃa Nellie y me dice: «Cornelia, hay un hermanito para ti arriba, en el cuarto de mamá. Puedes subir a verlo». Yo estaba tan entusiasmada que corrà escaleras arriba. Y la vieja señora Flagg levantó al niño para que yo lo viera. Dios santo, Ana querida, nunca me sentà más desilusionada en toda mi vida. Yo habÃa estado rezando por un hermano dos años mayor que yo.
—¿Cuánto tiempo le llevó recuperarse de la desilusión? —preguntó Ana, entre carcajadas.