Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Nosotras no tenemos nada que ver, no podemos evitar que venga a Cuatro Vientos, si quiere —se apresuró a decir Ana. No le gustaba la sensación de ser una casamentera, sensación que provocaban los susurros de la señorita Cornelia; pero en seguida sucumbió—. Que Leslie no sepa que viene hasta que no esté aquÃ. Si se enterara, estoy segura de que se irÃa de inmediato. De todas formas, tiene intención de irse en otoño, me lo dijo el otro dÃa. Va a Montreal a estudiar enfermerÃa y ver qué puede hacer de su vida.
—Ah, bien, Ana querida —dijo la señorita Cornelia, asintiendo con aire de sabidurÃa—, que sea lo que tenga que ser. Tú y yo hemos hecho nuestra parte. Debemos dejar el resto en las manos de Él.