Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, no pidamos problemas prestados —dijo Ana—. La tasa de interés es demasiado alta. Miremos en cambio al pequeño Jem. TendrÃa que decirle Gema. ¿No es una belleza? Mire los hoyuelos de los codos. Usted y yo lo educaremos para que sea un buen conservador, señorita Cornelia.
—Eduquémoslo para que sea un buen hombre —dijo la señorita Cornelia—. Son escasos y valiosos. Aunque, atención, no me gustarÃa verlo convertirse en un liberal. En cuanto a las elecciones, tú y yo debemos dar gracias por no vivir al otro lado del puerto. El aire está enrarecido allà estos dÃas. Todos los Elliott, los Crawford y los MacAllister están en pie de guerra y preparados para la batalla. A este lado hay paz y calma, ya que hay pocos hombres. El capitán Jim es liberal pero, en mi opinión, se avergüenza de ello, porque nunca habla de polÃtica. No cabe ninguna duda de que los conservadores ganarán otra vez por una gran mayorÃa.
La señorita Cornelia se equivocaba. La mañana siguiente a las elecciones, el capitán Jim fue a la casita a dar la noticia. Tan virulento es el microbio de la polÃtica partidista, incluso en un anciano pacÃfico, que el capitán Jim tenÃa las mejillas rosadas y los ojos le relampagueaban con todo el fuego de sus años jóvenes.