Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Ana accedió de buen grado y, al dÃa siguiente, Leslie se instaló como una más de la casita de los sueños. La señorita Cornelia aprobó calurosamente el arreglo.
—Parece providencial —le dijo en confianza a Ana—. Lo siento por Matilda Clow, pero ya que tenÃa que romperse la pierna, no pudo haber elegido mejor momento. Leslie estará aquà cuando Owen Ford llegue a Cuatro Vientos, y esos viejos gatos de Glen no tendrán oportunidad de maullar, lo que harÃan si ella estuviera viviendo sola y Owen fuera a verla. Ya hablan bastante porque no se puso luto. Yo le dije a uno de ellos: «Si me dijera que se tiene que poner luto por George Moore, a mà me parece más su resurrección que su funeral; pero si se refiere a Dick, le confieso que no me parece correcto ponerse luto por un hombre que murió hace trece años, ¡y enhorabuena!». Y cuando la vieja Louisa Baldwin me hizo notar que a ella le parecÃa muy extraño que Leslie nunca hubiera sospechado que no era su esposo, le dije: «Tú nunca sospechaste que no era Dick Moore, y fuiste su vecina de toda la vida, y, por naturaleza, eres diez veces más desconfiada que Leslie». Pero no se puede parar la lengua de la gente, Ana querida, y me alegro mucho de que Leslie esté bajo tu techo mientras Owen la corteja.