Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos En los meses previos a la llegada del pequeño Jem, Ana había agotado diligentemente varios sabios libros y había depositado su fe en uno en especial: Sir Oracle: sobre el cuidado y educación de los niños. Sir Oracle imploraba a los padres, por lo más sagrado que tuvieran en el mundo, que jamás hablaran en media lengua con sus hijos. Invariablemente debe uno dirigirse a los niños en idioma correcto, desde el momento de su nacimiento. Así aprenderían a hablar su idioma incontaminado desde los primeros balbuceos. Sir Oracle se preguntaba: «¿Cómo puede una madre esperar que su hijo aprenda a hablar correctamente, cuando continuamente acostumbra su impresionable materia gris con expresiones y distorsiones de nuestra noble lengua, tan absurdas como las que madres imprudentes infligen a las indefensas criaturas entregadas a su cuidado? ¿Puede un niño al que se le llama constantemente "coshita preshiosha" alcanzar alguna vez un adecuado concepto de su propio ser, posibilidades y destino?».