Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ana se sintió muy impresionada por esto, e informó a Gilbert que tenía intención de convertirlo en una regla inflexible y que jamás, bajo ninguna circunstancia, le hablaría en media lengua a sus hijos. Gilbert estuvo de acuerdo con ella, e hicieron un solemne pacto sobre el tema, pacto que Ana violó sin vergüenza alguna apenas tuvo al pequeño Jem en brazos por primera vez. «¡Qué coshita tan preshiosha!», había exclamado. Y había continuado hablándole así desde entonces. Cuando Gilbert se burlaba de ella, Ana se reía de Sir Oracle.

—Él nunca tuvo hijos, Gilbert, estoy segura; de lo contrario, jamás habría escrito tantas tonterías. Es imposible evitar hablar en media lengua a un niño. Es natural y está bien. Sería inhumano hablarle a esas criaturas diminutas, suavecitas, aterciopeladas, como les hablamos a los muchachos grandes. Las criaturas necesitan amor y mimos y toda la media lengua que se les pueda hacer escuchar, y el pequeño Jem va a tener todo eso, coshita de mamá.

—Pero eres lo peor que he oído jamás, Ana —protestó Gilbert, quien, no siendo madre sino apenas padre, no estaba todavía por completo convencido de que Sir Oracle estuviera equivocado—. Nunca oí nada igual al habla que utilizas con el niño.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker