Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, tendrÃas que habérmelo dicho, Ana —exclamó Leslie, apasionadamente—. De haberlo sabido, me habrÃa ido, no me habrÃa quedado aquà para encontrarme con él. TendrÃas que habérmelo dicho. No fue leal de tu parte, Ana, ¡ay, no fue leal!
A Leslie le temblaban los labios y tenÃa el cuerpo tenso de emoción. Pero Ana rió sin piedad. Se inclinó y le dio un beso a Leslie en la cara vuelta y llena de reproches.
—Leslie, eres una idiota adorable. Owen Ford no vino corriendo desde el PacÃfico hasta el Atlántico siguiendo el ardiente deseo de verme a mÃ. No creo tampoco que lo inspirara una salvaje y frenética pasión por la señorita Cornelia. Aparta ese aire trágico, mi querida amiga, y guárdalo en lavanda. No volverás a necesitarlo. Hay algunas personas que ven a través de una piedra de afilar cuando ésta tiene un agujero, aun cuando tú no puedas. Yo no soy ninguna profetisa, pero aventuraré una predicción: las tristezas de la vida se han terminado para ti. Después de esto, vas a tener de la vida las alegrÃas y las esperanzas, y dirÃa que también las penas, de una mujer feliz. El presagio de la sombra de Venus se ha hecho verdad para ti, Leslie. El año en que la viste le trajo a tu vida el mejor regalo: tu amor por Owen Ford. Ahora vete a la cama y que duermas bien.