Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Era la primera vez que la llamaba por su nombre de pila, pero la mano que Leslie le tendió estaba frÃa, y ella estuvo toda la velada muy callada, mientras Ana, Gilbert y Owen reÃan y charlaban. Antes de que terminara la visita, Leslie se disculpó y subió arriba. La alegrÃa de Owen se desvaneció y se fue casi en seguida, muy desanimado.
Gilbert miró a Ana.
—Ana, ¿qué pasa? Aquà está pasando algo que yo no comprendo. Esta noche, la atmósfera ha estado cargada de electricidad. Leslie estuvo como la musa de la tragedia; Owen Ford bromea y rÃe por fuera y mira a Leslie con los ojos del alma. Tú pareces todo el tiempo a punto de explotar con entusiasmo contenido. Confiesa. ¿Qué secreto has estado ocultando a tu engañado esposo?
—No seas tonto, Gilbert —fue la matrimonial respuesta de Ana—. En cuanto a Leslie, es absurda y voy a decÃrselo.
Ana encontró a Leslie junto a la ventana, en su dormitorio. La pequeña habitación estaba llena del rÃtmico tronar del mar. Leslie estaba sentada con las manos entrelazadas, bajo la neblinosa luz de la luna: una hermosa y acusadora presencia.
—Ana —dijo en voz baja y llena de reproche—, ¿tú sabÃas que Owen Ford venÃa a Cuatro Vientos?
—Lo sabÃa —dijo Ana, sin rodeos.