Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Al capitán Jim le brillaban los ojos. Miraba el Puerto de Cuatro Vientos de hacÃa sesenta años, con un viejo barco destartalado que navegaba a través del esplendor del amanecer.
—¿Y Persis Leigh estaba a bordo? —preguntó Ana.
—SÃ, ella y la esposa del capitán. HabÃan tenido una travesÃa espantosa, tormenta tras tormenta, y se les terminaron las provisiones, también. Pero allà estaban por fin. Cuando Persis Leigh pisó el viejo muelle, John Selwyn la tomó en sus brazos, y entonces la gente dejó de vitorear y se puso a llorar. Yo también lloré, aunque pasaron años, eh, antes de que lo admitiera. ¿No es gracioso cómo se avergüenzan los muchachos de las lágrimas?
—¿Era guapa? —preguntó Ana.