Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Bien, no sé si llamarla exactamente guapa… no lo sé —dijo el capitán Jim lentamente—. En realidad, uno nunca llegaba a preguntarse si era hermosa o no. No importaba. HabÃa algo tan dulce y atractivo en ella, que no habÃa más remedio que quererla, eso es todo. Pero era agradable a la vista: grandes y claros ojos pardos, abundantes y brillantes cabellos castaños y piel inglesa. John y ella se casaron en la casa de mis padres aquella noche, a la luz de las velas. Todo el mundo, de lejos y de cerca, estaba allà y después todos los acompañamos hasta aquÃ. La señora Selwyn encendió el fuego y nosotros nos fuimos y los dejamos sentados aquÃ, como lo habÃa visto John en su visión. ¡Una cosa muy extraña, muy extraña! Pero si habré visto cosas extrañas en mis tiempos… El capitán Jim sacudió la cabeza con aire de sabio.
—Es una historia preciosa —dijo Ana, sintiendo que, por una vez, habÃa suficiente romanticismo como para satisfacerla—. ¿Cuánto tiempo vivieron aquÃ?