Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos El capitán Jim se las ingeniaba para convertir el girasol de su cumplido en la delicadeza de una violeta y Ana la usó con orgullo. Estaba más guapa que nunca, con el rosa de una recién desposada en las mejillas y la luz del amor en los ojos; hasta el ceñudo doctor Dave le dirigió una mirada de aprobación y le dijo a su esposa, cuando regresaban a su casa, que la pelirroja que se habÃa casado con el muchacho era toda una belleza.
—Tengo que volver al faro —anunció el capitán Jim—. He disfrutado de esta cena de una manera tremenda.
—Venga a vernos a menudo —dijo Ana.
—Me pregunto si me harÃa esa invitación si supiera cuan probable es que la acepte —replicó de buen humor el capitán Jim.
—Que es otra manera de decir que usted se pregunta si la invitación es sincera —dijo Ana, sonriendo—. Lo es, «lo juro», como decÃamos en la escuela.