El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Al dÃa siguiente, la señorita Cornelia se personó en la rectorÃa e interrogó a Mary, quien, al ser una personita de considerable discernimiento y astucia, contó su historia sencilla y verazmente, con una falta absoluta de quejas o alardes. La señorita Cornelia se encontró más favorablemente impresionada de lo que esperaba, pero consideró que tenÃa el deber de ser severa.
—¿A ti te parece —dijo duramente— que demostraste gratitud a esta familia, que ha sido hasta el momento tan buena contigo, insultando y persiguiendo a una amiga de ella como hiciste ayer?
—SÃ, fue algo muy mezquino lo que hice —admitió Mary sin dificultad—. No sé qué me pasó. Ese bacalao de porquerÃa estaba tan a mano… Pero después me arrepentà mucho; anoche, cuando estaba acostada, lloré, se lo juro. Pregúntele a Una si no. No quise decirle por qué lloraba porque me daba mucha vergüenza, y entonces ella también se puso a llorar, porque creÃa que alguien habÃa herido mis sentimientos. Caramba, si yo no tengo ni sentimientos para que me los hieran. Lo que me preocupa es que la señora Wiley no haya salido a buscarme. No es tÃpico de ella.
