El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris A la misma señorita Cornelia le parecÃa algo raro, pero se limitó a prevenir a Mary, muy duramente, que no se tomara más libertades con el bacalao del pastor y se fue a Ingleside a informar del resultado de la entrevista.
—Si la historia de esa niña es verdadera, hay que investigar este asunto —dijo—. Yo algo sé de esa mujer Wiley, créanme. Marshall la conocÃa bien cuando vivÃa al otro lado del puerto. El verano pasado le oà decir algo de ella y de una niña de un asilo, probablemente esta misma Mary. Me dijo que alguien le habÃa contado que esa mujer estaba matando a trabajar a la criatura y casi no le daba de comer ni la vestÃa. Sabes, Ana querida, que siempre ha sido mi costumbre no interferir ni mezclarme con la gente del otro lado del puerto. Pero mañana voy a mandar a Marshall a averiguar la verdad. Y entonces hablaré con el pastor. FÃjate, querida Ana, que los Meredith encontraron a esta niña literalmente muriéndose de hambre en el viejo granero de James Taylor. HabÃa pasado allà la noche, con frÃo, con hambre y sola. Y nosotros durmiendo en nuestras cómodas camas después de una buena cena.
—Pobrecita —suspiró Ana, imaginándose a uno de sus propios hijos con frÃo, hambre y solo en parecidas circunstancias—. Si la trataban mal, señorita Cornelia, no debe volver a esa casa. Yo soy huérfana y estuve en una situación muy similar.