El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Es cierto —dijo Mary, recuperándose del pánico—. Pero te aseguro que me di un buen susto. No pensaba en su muerte cuando rezaba. Ella no parecÃa de las que se mueren. ¿La señora Elliott no dijo nada sobre mÃ?
—Piensa que probablemente tengas que regresar al asilo.
—Eso me imaginé —dijo Mary con tristeza—. Y entonces volverán a entregarme, probablemente a alguien idéntico a la señora Wiley. Bueno, supongo que podré soportarlo. Soy dura.
—Rezaré para que no tengas que regresar —susurró Una mientras Mary y ella volvÃan caminando a la rectorÃa.
—Haz lo que quieras —contestó Mary, decidida—, pero juro que yo no voy a rezar. Me da pánico eso de rezar. Mira lo que ha pasado por rezar. Si la señora Wiley se hubiera muerto después de mi primera oración, habrÃa sido por culpa mÃa.
—Ay, no, no habrÃa sido por culpa tuya. Ojalá pudiera explicarte mejor las cosas; papá podrÃa si se lo contaras, Mary.
—¡Ni lo pienses! Yo no sé qué pensar de tu padre, ésa es la verdad. Pasa a mi lado a plena luz del dÃa y ni me ve. Yo no soy orgullosa, ¡pero tampoco soy un felpudo!