El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Susan se habrÃa muerto de horror si hubiera oÃdo a la señorita Cornelia reprendiendo de esa manera a un pastor. Pero la señorita Cornelia se fue envuelta en la cálida satisfacción del deber cumplido y aquella noche el señor Meredith le pidió a Mary que fuera a su estudio. Mary obedeció, literalmente muerta de miedo. Pero tuvo la mayor sorpresa de su pobre y desdichada vida. Aquel hombre, a quien habÃa tenido tanto pavor, era el espÃritu más bondadoso y gentil que habÃa conocido. Antes de que pudiera tomar conciencia de lo que estaba sucediendo, Mary se encontró contándole todos sus problemas y recibiendo a cambio tales muestras de simpatÃa y tierna comprensión como jamás se le hubiera ocurrido imaginar.
Cuando Mary salió del estudio, tenÃa el rostro y los ojos tan suavizados que Una casi no la reconoció.
—Tu padre es buena gente cuando se despierta —comentó con un gesto que a duras penas se salvó de convertirse en un sollozo—. Es una pena que no se despierte más a menudo. Me dijo que yo no tenÃa la culpa de la muerte de la señora Wiley, pero que debo pensar en sus cualidades y no en sus defectos. Yo no sé qué cualidades tenÃa, a menos que fuera mantener la casa limpia y hacer una manteca de primera. Sólo sé que casi me dejé los brazos fregándole el piso de la cocina, con los nudos de la madera y todo. Pero cualquier cosa que diga tu padre a partir de hoy, para mà estará bien.