El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Bueno, respecto a este asunto de Dios —insistió Mary, empecinada—, como ni tú ni yo podemos resolverlo, no tiene sentido seguir hablando del tema hasta que tengamos oportunidad de averiguar cuál es la verdad. Hasta entonces haré lo mejor que pueda sola.
—Si mamá viviera, ella podrÃa decirnos todo —aseguró Una, y suspiró.
—Ojalá viviera —dijo Mary—. No sé qué va a ser de vosotros, chicos, cuando yo me vaya. Por lo menos, trata de mantener la casa un poco ordenada. Es un escándalo cómo habla la gente. Y cuando menos te lo esperes, tu padre volverá a casarse, y entonces sà que estaréis mal.
Una se sobresaltó. Nunca se le habÃa ocurrido que su padre pudiera volver a casarse. No le gustaba y guardó silencio ante lo desagradable de la idea.
—Las madrastras son personas espantosas —prosiguió Mary—. PodrÃa helarte la sangre en las venas si te cuento todo lo que sé sobre ellas. Los chicos Wilson, que vivÃan enfrente de la señora Wiley, tenÃan madrastra. Era tan mala con ellos como la señora Wiley conmigo. Para vosotros serÃa horrible tener madrastra.
—Estoy segura de que no va a pasar —dijo Una, trémula—. Papá no se va a casar con nadie.