El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Si Él es tan bueno como tu padre, a mà me sobra —dijo Mary—. Cuando tu padre me habló sentà que ya no podrÃa volver a ser mala.
—Cómo me gustarÃa que hubieras hablado de El con papá —suspiró Una—. Papá podrÃa explicarte todo mucho mejor que yo.
—Bueno, lo haré la próxima vez que se despierte —prometió Mary—. Aquella noche, cuando me habló en el estudio, me demostró claramente que mis plegarias no habÃan matado a la señora Wiley. He tenido la conciencia tranquila desde entonces, pero tengo mucho cuidado al rezar. Creo que una oración ya hecha es más segura. Escucha, Una, a mà me parece que si uno tiene que rezarle a alguien, serÃa mejor rezarle al diablo y no a Dios. Dios ya es bueno, según dices tú, de manera que Él no nos va a hacer ningún daño, pero, por lo que yo sé, al diablo hay que pacificarlo. A mà me parece que lo sensato serÃa decirle: «Buen diablo, por favor no me tientes. Déjame tranquila, por favor». ¿No te parece?
—No, no, Mary, estoy segura de que no puede estar bien rezarle al diablo. Y no servirÃa de nada porque es malo. PodrÃa irritarlo y serÃa peor que antes.