El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —¡Puf! —exclamó Faith, sentándose en la cama con un estremecimiento—. Está lloviendo. Odio los domingos de lluvia. Ya son dÃas bastante aburridos como para que además llueva.
—No debemos pensar que el domingo es aburrido —dijo Una, medio dormida, tratando de despertarse del todo, con la confusa convicción de que habÃan dormido demasiado.
—Pero lo pensamos —dijo Faith con inocencia—. Mary Vance dice que casi todos los domingos son tan aburridos que podrÃa colgarse de una soga.
—A nosotros el domingo tendrÃa que gustarnos más que a Mary Vance —reflexionó Una con remordimiento—. Somos hijas de un pastor.
—Me gustarÃa que fuéramos las hijas de un herrero —protestó Faith, airada, buscando las medias—. Entonces la gente no querrÃa que fuéramos mejor que otros niños. Mira los agujeros que tienen estas medias en los talones. Mary me los zurció muy bien antes de irse, pero ya están como antes. Una, levántate. No puedo preparar sola el desayuno. Ay, cómo quisiera que Jerry y papá estuvieran en casa. Yo no creÃa que pudiéramos extrañar tanto a papá, porque no lo vemos mucho cuando está. Y, sin embargo, parece que faltara todo. Voy corriendo a ver cómo está la tÃa Martha.
