El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —¿Está mejor? —preguntó Una cuando Faith regresó.
—No. Sigue quejándose. Tal vez debiéramos llamar al doctor Blythe. Pero ella dice que no, que no ha visto a un médico en su vida y que no va a empezar ahora. Dice que los médicos viven envenenando a la gente. ¿Será verdad?
—No, claro que no —protestó Una con indignación—. Estoy segura de que el doctor Blythe no envenena a nadie.
—Bueno, tendremos que volver a darle friegas en la espalda después del desayuno. Y mejor que no calentemos las franelas tanto como ayer.
Faith rió al acordarse. Estuvieron a punto de escaldar la espalda de la pobre tÃa Martha. Una suspiró. Mary Vance habrÃa sabido la temperatura exacta de las franelas para una espalda dolorida. Mary lo sabÃa todo. Ellas no sabÃan nada. ¿Y cómo podÃan aprender, si no era mediante la amarga experiencia por la cual, en aquella oportunidad, la que habÃa pagado el pato habÃa sido la desafortunada tÃa Martha?