El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Fueron tan buena gente como para recibirte, darte de comer y vestirte cuando estabas muerta de hambre en el granero del señor Taylor, Mary Vance —dijo—. Eres muy agradecida, se ve.
—Soy agradecida —replicó Mary—. Lo sabrÃas si me hubieras oÃdo defendiendo al señor Meredith contra viento y marea. Me he llagado la lengua hablando por él esta semana. He dicho una y otra vez que él no tiene la culpa de que sus hijas hayan limpiado la casa un domingo. Él no estaba.
—Pero no es cierto —protestó Una—. Fue el lunes cuando limpiamos. ¿No, Faith?
—Claro que sà —asintió Faith con ojos relucientes—. Fuimos a la escuela dominical a pesar de la lluvia, y no fue nadie, ni siquiera el vicario Abraham, a pesar de todo lo que habla sobre los cristianos del buen tiempo.
—Fue el sábado cuando llovió —dijo Mary—. El domingo hizo un dÃa precioso. Yo no fui a la escuela dominical porque tenÃa dolor de muelas, pero todo el mundo fue y vio vuestros muebles en el jardÃn. Y el vicario Abraham y su esposa os vieron sacudiendo alfombras en el cementerio.
Una se sentó entre las margaritas y se puso a llorar.