El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —SÃ. Lo he estado pensando. Desde la muerte de mi esposo, he pensado muchas veces en adoptar a un niño. Pero resultaba muy difÃcil encontrar a la criatura adecuada. Son muy pocos los niños que yo podrÃa llevar a mi casa. No se me ocurrirÃa adoptar un niño de un asilo, un vagabundo de los suburbios, con toda probabilidad. Y casi no se consiguen otros niños. El otoño pasado murió uno de los pescadores del puerto y dejó seis hijos. Trataron de que yo me quedara con uno, pero en seguida les hice entender que yo no tenÃa la menor intención de adoptar escoria como ésa. Su abuelo habÃa robado un caballo. Además, eran todos varones y yo querÃa una niña, una niña tranquila y obediente a quien yo pueda educar para que se convierta en una señorita. Una me vendrÃa de perlas. SerÃa encantadora si estuviera bien cuidada, ¡es tan diferente de Faith! Yo ni soñarÃa con adoptar a Faith. Pero me llevaré a Una y le daré un buen hogar y una buena educación, señor Meredith, y, si se porta bien, cuando me muera le dejaré todo mi dinero. Ni uno solo de mis parientes tendrá un centavo; de cualquier manera, eso lo tengo decidido. Fue la idea de fastidiarlos lo que me hizo pensar en adoptar un niño al principio. Una estará bien vestida y educada, señor Meredith; la enviaré a aprender música y pintura y la trataré como si fuera mi propia hija.