El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Cuando el señor Meredith salía por el portón, el doctor Blythe y su esposa pasaban por la calle rumbo a Lowbridge. El pastor se entristeció. La señora Blythe se iba; era inútil ir a Ingleside. Y ansiaba tanto un poco de compañía… Al mirar desesperanzado el paisaje, la luz del atardecer iluminó una ventana en la vieja casa de las West, sobre la colina. Relumbró en tonos rosados como un faro de la buena suerte. De pronto recordó a Rosemary y Ellen West. Pensó que le gustaría un rato de mordaz conversación de Ellen. Pensó que sería agradable volver a ver la lenta y dulce sonrisa de Rosemary y sus tranquilos ojos celestes. ¿Cómo era aquel viejo poema de sir Philip Sidney?: «consuelo permanente en un rostro», eso le iba bien a ella. Y él necesitaba consuelo. ¿Por qué no ir de visita? Recordó que Ellen le había dicho que fuera de vez en cuando y tenía que devolverle el libro a Rosemary; tendría que devolvérselo antes de olvidarse.
Tenía la espantosa sospecha de que en su propia biblioteca tenía muchísimos libros que había pedido prestados en ocasiones diversas y distintos lugares y que había olvidado devolver. Era su deber evitar hacer lo mismo esta vez. Volvió al estudio, cogió el libro y encaminó sus pasos hacia el Valle del Arco Iris.