El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris La noche siguiente al entierro de la señora Myra Murray, que había vivido al otro lado del puerto, la señorita Cornelia y Mary Vance fueron a Ingleside. Había varias cosas sobre las cuales la señorita Cornelia deseaba aliviar su alma. Era necesario hablar del funeral, por supuesto. Susan y la señorita Cornelia se ocuparon exhaustivamente del tema entre las dos; Ana no tomaba parte ni se regodeaba en tan tétricas conversaciones. Se quedó algo apartada mirando la llama otoñal de las dalias en el jardín y el puerto, soñador y resplandeciente en el crepúsculo de septiembre. Mary Vance estaba sentada a su lado, tejiendo dócilmente. El corazón de Mary estaba en el Valle del Arco Iris, de donde llegaban los tenues sonidos, suavizados por la distancia, de risas de niños, pero sus dedos estaban bajo el ojo vigilante de la señorita Cornelia. Tenía que tejer una cantidad determinada de vueltas de la media antes de ir al valle. Mary tejía y guardaba silencio, pero utilizaba las orejas.
—Nunca he visto un cadáver más hermoso —comentó la señorita Cornelia—. Myra Murray siempre fue muy guapa; era una Corey, de Lowbridge, y los Corey son famosos por su belleza física.
