El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Su hermana Luella era exactamente al revés —acotó la señorita Cornelia—. Para Luella las cosas no tenÃan lado bueno, todo era negro o en distintos tonos de gris. Estuvo años diciendo que se morirÃa en una semana. «No seré un estorbo durante mucho tiempo», decÃa a su familia con un gemido. Y si alguno de sus parientes osaba hablar de algún pequeño plan para el futuro, gemÃa y decÃa: «Ah, yo no estaré aquà para entonces». Cuando iba a verla siempre le daba la razón, cosa que le gustaba tanto que se encontraba mucho mejor por unos cuantos dÃas. Ahora tiene mejor salud pero no mejor humor. ¡Myra era tan diferente! Siempre hacÃa o decÃa algo para que te sintieras bien. Tal vez tenga algo que ver con los hombres con quienes se casaron. El de Luella era un salvaje, pueden creerme, mientras que Jim Murray era una persona decente, para ser hombre. Hoy estaba destrozado. No es frecuente que yo sienta pena por un hombre en el entierro de su esposa, pero Jim Murray sà me ha dado pena.
—No es de extrañar que estuviera tan triste. No le será fácil conseguir otra esposa como Myra —opinó Susan—. Tal vez ni lo intente, ya que sus hijos están todos crecidos y Mirabel es muy capaz de hacerse cargo de la casa. Pero nunca se puede predecir lo que puede hacer un viudo y yo no arriesgaré pronósticos.