El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Puede hacerse metodista en cualquier momento —dijo la señorita Cornelia—. Tengo entendido que en Lowbridge iban a la iglesia metodista con la misma frecuencia que a la presbiteriana. Yo aquà todavÃa no los he pescado haciendo lo mismo, pero no aprobarÃa que tomáramos a la señora Jamieson para la escuela dominical. Claro que tampoco debemos ofenderlos. Estamos perdiendo demasiada gente, por muerte o mal genio. La señora Davis dejó la iglesia, nadie sabe por qué. Les dijo a los administradores que no volverÃa a pagar ni un solo centavo más del salario del señor Meredith. Claro que casi todos dicen que los niños la ofendieron, pero a mÃ, no sé por qué, no me parece que haya sido eso. Traté de sonsacar a Faith, pero lo único que pude obtener de ella fue que la señora Davis habÃa ido, al parecer de muy buen humor, a ver a su padre, y se habÃa retirado furiosa, llamándolos «bribones» a todos ellos.
—¡Con que bribones! —exclamó Susan, indignada—. ¿Olvida la señora Davis que su tÃo por parte de madre fue sospechoso de envenenar a la esposa? Nunca se probó, mi querida señora, y no conviene creer en todo lo que se oye. Pero si yo tuviera un tÃo cuya esposa murió sin una razón satisfactoria, no irÃa por ahà llamando bribones a unos niños inocentes.