El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —SÃ, señor —contestó Faith, modosita.
—¿Por qué no dijiste nada? —preguntó, mirándola con ira.
—Usted me dijo que era de mala educación interrumpir, señor —dijo ella, todavÃa más modosita.
—Si yo… si yo fuera su padre, le darÃa una paliza que no olvidarÃa mientras viviera, señorita —dijo un caballero reverendo muy irritado al tiempo que salÃa del estudio. La chaqueta del segundo mejor traje del señor Meredith no le quedaba bien, de modo que tuvo que ir al servicio vespertino con los faldones quemados. Pero no caminó por el pasillo central con su usual convicción del honor que conferÃa al edificio. Jamás volverÃa a acceder a intercambiar púlpitos con el señor Meredith, y estuvo apenas civilizado con este último cuando, a la mañana siguiente, se vieron durante unos minutos en la estación. Pero Faith sintió una especie de tenebrosa satisfacción. Adam habÃa sido parcialmente vengado.