El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Ah, me encantarÃa —exclamó Faith—. Me encantan los pájaros. Aunque ¿no se lo comerÃa el gato de la tÃa Martha? ¡Es tan trágico que se coman tus mascotas! No creo que pueda soportarlo otra vez.
—Si cuelgas la jaula lejos de la ventana, no creo que el gato pueda hacerle nada. Yo te enseñaré cómo cuidarlo y te lo traeré a Ingleside la próxima vez que venga.
Para sus adentros, Rosemary pensaba: «Todas las chismosas de Glen tendrán tema de conversación, pero no me importa. Quiero consolar a este pobre corazoncito».
Faith se sintió consolada. La comprensión y la solidaridad eran algo muy dulce. Rosemary y ella se quedaron sentadas en el viejo pino hasta que el crepúsculo cubrió suavemente el blanco valle y la estrella vespertina brilló sobre el gris bosque de arces. Faith le contó a Rosemary toda su pequeña historia de esperanzas, las cosas que le gustaban y las que no, las idas y venidas de la vida en la rectorÃa, los altibajos de la vida en la escuela. Por fin se separaron ya amigas.
El señor Meredith estaba, como siempre, perdido en sus ensoñaciones cuando comenzaron a cenar, pero en un momento un nombre penetró su abstracción y lo trajo a la realidad. Faith le contaba a Una su encuentro con Rosemary.