El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris John Meredith no aprovechó la oportunidad de inmediato. Por el contrario, habló durante dos horas enteras de los temas menos afines al amor. Hasta intentó hablar de política, aunque a Rosemary la política la aburría. Ella comenzó a creer que se había equivocado de medio a medio, y de pronto sus miedos y expectativas le parecieron grotescos. Se sintió absurda y tonta. El resplandor desapareció de su rostro y el brillo se apagó en sus ojos. John Meredith no tenía la menor intención de proponerle matrimonio.
Y entonces, inesperadamente, él se puso en pie, atravesó la habitación, se situó a su lado y se le declaró. La habitación quedó de pronto terriblemente inmóvil. Hasta Saint George dejó de ronronear. Rosemary oía los latidos de su propio corazón y estaba segura de que John Meredith también los oía.
Ése era el momento en que ella debía decir que no, suave pero firmemente. Hacía días que estaba preparada, con una formal respuesta de rechazo. Y ahora había olvidado las palabras preparadas. Tenía que decir que no y de pronto se dio cuenta de que no podía decirlo. Era la palabra imposible. Ahora sabía que el problema no era que podría llegar a amar a John, sino que ya lo amaba. La sola idea de apartarlo de su vida era angustiosa.