El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Espero que tenga el buen sentido de venir de vez en cuando como amigo —dijo para sus adentros. Le disgustaba tanto estar sola que pensar en voz alta era una de sus estratagemas para evitar la no deseada soledad—. Es horrible no tener un hombre con algo de seso con quien poder hablar de vez en cuando. Y lo más probable es que no vuelva a pisar la casa. También está Norman Douglas, me gusta ese hombre, y me gustarÃa tener una buena discusión con él de vez en cuando. Pero nunca se atreverÃa a venir por temor a que la gente piense que me está cortejando otra vez, y por temor a que yo también lo piense, probablemente, aunque ahora para mà él es más un extraño que John Meredith. Me parece un sueño que en un tiempo hayamos podido ser novios. Pero asà es, hay sólo dos hombres en Glen con los que me gustarÃa conversar, y por causa de los chismes y de esa idiotez del amor lo más probable es que no vuelva a verlos. Yo —agregó Ellen, dirigiéndose a las estrellas inmóviles con un énfasis despectivo—, yo podrÃa haber hecho mejor el mundo.
Se detuvo ante su portón con una repentina y vaga sensación de alarma. TodavÃa habÃa luz en la sala y, a través de las cortinas, se veÃa la sombra de una mujer que caminaba sin parar por la habitación. ¿Qué hacÃa Rosemary a esa hora de la noche? ¿Y por qué paseaba como una loca?