El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No lo haré. Una promesa, para mÃ, es una promesa. No lo haré. Rompe tu promesa, sé perjura si quieres, pero no será con mi consentimiento.
—Eres muy dura conmigo, Ellen.
—¡Dura contigo! ¿Y qué hay de mÃ? ¿Alguna vez pensaste en lo que serÃa mi soledad aquà si tú me dejaras? No podrÃa soportarlo. Me volverÃa loca. NO puedo vivir sola. ¿No he sido una buena hermana para ti? ¿Me he opuesto alguna vez a algún deseo tuyo? ¿No te lo he dado todo?
—SÃ… sÃ.
—Entonces ¿por qué quieres dejarme por ese hombre al que hace un año ni siquiera habÃas visto?
—Le amo, Ellen.
—¡Amor! Hablas como una colegiala en lugar de hablar como una mujer adulta. Él no te ama. Quiere un ama de llaves y una gobernanta. Tú no lo amas. Quieres ser una «señora», eres otra de esas mujeres débiles que piensan que es vergonzoso ser tenida por una vieja solterona. Eso es todo lo que pasa.
Rosemary se estremeció. Ellen no podÃa, o no querÃa, comprender. No tenÃa sentido discutir con ella.
—¿Entonces no me dejas en libertad, Ellen?