El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No, no lo hago. Y no volveré a hablar de esto. Tú hiciste una promesa y tienes que cumplir tu palabra. Eso es todo. Vete a la cama. ¡Mira la hora que es! Estás agotada y llena de fantasÃas. Mañana serás más sensata. Al menos, no me hables más de esto. Vete.
Rosemary salió sin decir otra palabra, pálida y desanimada. Ellen caminó impetuosamente por la habitación unos minutos más; se detuvo frente a la silla donde Saint George habÃa dormido tranquilamente toda la velada. Una sonrisa reacia se extendió sobre su rostro sombrÃo. La muerte de su madre habÃa sido la única circunstancia de su vida en que no habÃa sido capaz de mitigar la tragedia con la comedia. Incluso cuando Norman Douglas la dejó, por decirlo de alguna manera, ella se rió de sà misma tantas veces como lloró.
—Espero caras malhumoradas, Saint George. SÃ, Saint, creo que nos esperan dÃas tormentosos. Bien, los soportaremos, George. Hemos tratado antes con niños tontos, Saint. Rosemary andará enfurruñada un tiempo pero luego se repondrá y todo será como antes, George. Ella lo prometió y tiene que mantener su promesa. Y ésta es la última palabra sobre el tema, contigo, con ella o con quien sea, Saint.