El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —A lo mejor tú puedes decÃrnoslo —sugirió Jerry, con un sarcasmo asesino.
El sarcasmo era una pérdida de tiempo con Mary.
—Yo puedo decir lo que sucederá si no aprendéis a portaros bien. La asamblea pedirá a vuestro padre que renuncie. Eso sucederá, mi querido señor Jerry Sabelotodo. Se lo dijo la señora Davis a la señora Elliott. Yo la oÃ. Yo siempre tengo las orejas bien abiertas cuando la señora Davis viene a tomar el té. Dice que vais de mal en peor y que, si bien es de esperar ya que no tenéis a nadie que os eduque, no se puede pedir a la congregación que lo soporte mucho tiempo más, y hay que hacer algo. Los metodistas no paran de reÃrse y eso lastima los sentimientos de los presbiterianos. Ella dice que necesitáis una buena dosis de tónico de abedul. Señor, si eso hiciera buena a la gente, yo tendrÃa que ser una santa. No digo esto porque quiera herir los sentimientos. Me dais pena. —Mary era toda una maestra en el arte de la condescendencia—. Tengo entendido que no habéis tenido muchas oportunidades, siendo como son las cosas. Pero otra gente no es tan comprensiva como yo. La señorita Drew dice que Carl tenÃa una rana en el bolsillo el domingo pasado en la escuela dominical y que el animal se salió de un salto mientras ella escuchaba la lección. Dice que va a renunciar a la escuela. ¿Por qué no dejas tus insectos en tu casa?