El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Lo guardé en seguida —exclamó Carl—. No le hizo daño a nadie, ¡una pobre ranita! Y me encantarÃa que esa vieja Jane Drew sà renunciara a la escuela. La odio. Su sobrino tenÃa una porción de tabaco sucio en el bolsillo y nos ofreció para masticar mientras el vicario Crow oraba. Eso me parece peor que una rana.
—No, porque las ranas son más inesperadas. Son más sorprendentes. Además, no lo pescaron. Y el concurso de oraciones que hicisteis la semana pasada ha sido un escándalo horrible. Todo el mundo habla de lo mismo.
—Por qué, si los Blythe también entraron —exclamó Faith, indignada—. Fue Nan Blythe la que lo sugirió, para empezar. Y Walter se llevó el premio.
—Bueno, pero el crédito es vuestro. No habrÃa estado tan mal si no lo hubierais hecho en el cementerio.
—Yo dirÃa que un cementerio es un buen sitio para rezar —respondió Jerry.
—El diácono Hazard pasaba cuando tú estabas rezando —dijo Mary—, y te vio y te oyó, con las manos cruzadas sobre el estómago y gruñendo después de cada frase. Pensó que te estabas burlando de él.