El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Ah, yo no sé. Yo repito lo que dice la gente. Yo no lo doy por hecho. Pero estarÃa bien. Rosemary West os harÃa marcar el paso si viniera aquÃ, estoy segura, a pesar de que parece todo dulzura y pureza. Son siempre asà hasta que atrapan a los hombres. Pero, de todas formas, necesitáis a alguien que os eduque. Estáis llenando de vergüenza a vuestro padre y a mà él me da pena. Me cae muy bien desde aquella noche en que me habló. No he vuelto a decir ni una mala palabra desde entonces y no he mentido ni una sola vez. Me gustarÃa verlo feliz y cómodo, con los botones cosidos y comiendo como la gente, y a vosotros metidos en vereda, y a esa vieja Martha puesta en su lugar. ¡Cómo ha mirado los huevos que le he traÃdo! «Espero que sean frescos», me dice. Yo deseé que estuvieran podridos. Pero fijaos en que os dé a cada uno un huevo en el desayuno, incluyendo a vuestro padre. Armad un buen alboroto si no os los da. Para eso los han mandado. Pero no confiéis en la vieja Martha. Es muy capaz de dárselos al gato.