El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Como a Mary se le cansó la lengua, un breve silencio cayó sobre el cementerio. Los niños de la rectorÃa no tenÃan ganas de hablar. Estaban digiriendo las nuevas pero no muy digeribles ideas sugeridas por Mary. Jerry y Carl estaban bastante sorprendidos. Pero, después de todo, ¿qué importaba? Y no era probable que hubiera el menor atisbo de verdad en ellas. Faith estaba, en términos generales, contenta. Sólo Una estaba seriamente afectada. TenÃa ganas de irse a llorar.
—¿Habrá alguna estrella en mi corona? —cantaba el coro metodista, que comenzaba a ensayar en la iglesia metodista.
—Yo no quiero más que tres —dijo Mary, cuyo conocimiento teológico habÃa aumentado considerablemente desde que comenzó a vivir con la señora Elliott—. No quiero más que tres, dispuestas sobre mi cabeza, como una diadema, una grande en medio y una pequeña a cada lado.
—¿Hay distintos tamaños de almas? —preguntó Carl.