El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Espero que la gente se dé cuenta pronto de que podemos portarnos tan bien como cualquiera —dijo Faith, llena de júbilo—. No es difÃcil cuando uno se lo propone.
Una y ella estaban sobre la tumba de Pollock. HabÃa sido un dÃa muy frÃo y lluvioso con una tormenta de primavera y el Valle del Arco Iris estaba fuera de consideración para las chicas, aunque los varones de la rectorÃa y de Ingleside habÃan ido allà a pescar. La lluvia habÃa cesado, pero el viento del este soplaba sin misericordia desde el mar. La primavera llegaba tarde a pesar de su temprana promesa y todavÃa quedaba una capa de nieve dura y hielo en el extremo norte del cementerio. Lida Marsh, que habÃa ido a llevarles unos arenques, abrió el portón y entró temblando. PertenecÃa a la aldea de pescadores de la boca del puerto y, desde hacÃa treinta años, su padre tenÃa la costumbre de enviar a la rectorÃa unos cuantos arenques de la primera redada de la primavera. Jamás pisaba una iglesia y era un hombre bebedor y temerario, pero mientras enviara esos arenques a la rectorÃa todas las primaveras, como habÃa hecho su padre antes que él, estaba tranquilamente seguro de que su cuenta con El Más Allá estaba al dÃa. No habrÃa esperado una buena jornada de pesca si no hubiera enviado los primeros frutos de la temporada.