El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Quiero explicarles a todos por qué fui a la iglesia sin medias, para que todos sepan que papá no tuvo ninguna culpa y las chismosas no digan que la tuvo, porque no es cierto. Le di mi único par de medias negras a Lida Marsh porque ella no tenía y tenía los piececitos helados y a mí me dio mucha lástima. Ningún niño tendría que andar sin medias y zapatos en una comunidad cristiana antes de que se haya ido toda la nieve y yo creo que la Asociación de Beneficencia y la WFMS tendrían que haberle dado medias. Yo sé, claro, que están mandando cosas a los niñitos paganos y eso está muy bien y es bueno. Pero los niñitos paganos tienen muchos más meses de calor que nosotros y pienso que las señoras de nuestra iglesia tendrían que cuidar a Lida y no dejar todo en mis manos. Cuando le di mis medias me olvidé de que eran el único par negro que tenía sin agujeros, pero me alegro de habérselas dado, porque me habría remordido la conciencia si no lo hubiera hecho. Cuando ella ya se había ido, tan orgullosa y feliz, pobrecita, me acordé de que lo único que podía usar eran unas espantosas medias rojas y azules que la tía Martha me tejió el invierno pasado con una lana que nos envió la señora Burr de Upper Glen. Era una lana muy ordinaria, llena de nudos, y yo nunca vi a ninguno de los niños de la señora Burr con cosas hechas con esa lana. Pero Mary Vance dice que la señora Burr le da al pastor lo que ella no puede utilizar ni comer y piensa que eso tiene que considerarse como parte del salario que su esposo se ha comprometido a pagar pero nunca paga. Yo no podía ponerme esas medias tan horribles. Eran feas, ásperas y picaban. Todo el mundo se habría reído de mí. Al principio pensé hacerme la enferma para no ir a la iglesia al día siguiente, pero decidí que no podía hacer eso porque sería mentir y papá nos dijo después de la muerte de mamá que eso era algo que no debíamos hacer. Mentir es malo, aunque yo conozco a algunas personas de aquí, de Glen mismo, que las dicen y parece que nunca sienten remordimientos. No voy a dar ningún nombre, pero yo sé quiénes son y papá también. Después hice lo posible por resfriarme y caer enferma de verdad, y para eso me puse sobre la nieve en el cementerio metodista, descalza, hasta que Jerry me sacó. Pero no me hizo nada y no me salvé de ir a la iglesia. Entonces decidí ponerme las botas e irme así. No veo por qué fue algo tan malo; tuve mucho cuidado de lavarme las piernas y dejarlas tan limpitas como la cara, pero el asunto es que papá no tuvo nada que ver. Él estaba en el estudio pensando en su sermón y otras cosas celestiales y yo lo evité hasta que fui a la escuela dominical. Papá no mira las piernas a las personas en la iglesia y por eso no se fijó en las mías, pero los chismosos sí, y hablaron. Por eso escribo esta carta al Journal, para dar una explicación. Supongo que hice algo muy malo, ya que todo el mundo lo dice, y lo lamento. Estoy poniéndome esas medias tan horribles para castigarme, aunque papá me compró dos preciosos pares negros nuevos apenas abrió la tienda del señor Flagg el lunes. Pero fue todo culpa mía y los que le echen la culpa a mi padre después de leer esto no son cristianos, así que no me importa lo que digan. Hay otra cosa que quiero explicar antes de terminar. Mary Vance me dijo que el señor Even Boyd echa la culpa a los hijos de Lew Baxter de haberle robado patatas de su campo el otoño pasado. Los Baxter son muy pobres, pero son honestos. Fuimos nosotros: Jerry, Carl y yo. Una no estuvo con nosotros ese día. No se nos ocurrió que fuera robar. Sólo queríamos unas patatas para cocinarlas con la trucha frita en una fogata en el Valle del Arco Iris. El campo del señor Boyd era el más cercano, justo entre el valle y el pueblo, así que saltamos el cerco y cogimos unas cuantas patatas. Eran muy pequeñas, porque el señor Boyd no les había puesto suficiente fertilizante, y tuvimos que arrancar muchas, que no eran más grandes que bolitas. Walter y Di Blythe comieron con nosotros, pero vinieron cuando ya las teníamos cocinadas y no sabían de dónde las habíamos sacado, así que no tienen ninguna culpa. No tuvimos intención de hacer ningún daño, pero si fue robo, lo lamentamos mucho y se las pagaremos al señor Boyd si puede esperar a que seamos grandes. Ahora no tenemos dinero porque no somos grandes como para ganarnos la vida y la tía Martha dice que mantener esta casa se lleva cada centavo del pobre salario de papá, incluso cuando es pagado con regularidad —lo cual no ocurre a menudo—. Pero el señor Boyd no debe echar la culpa a los hijos de Lew Baxter, que son inocentes, y hacerles un mal nombre. Sin otro particular.