El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Es que no está, querida Ana; hace una semana qué se fue a New Brunswick. Y ese joven bribón de Joe Vickers está sacando el Journal en su ausencia. Claro que el señor Vickers jamás la habrÃa publicado, por más que sea metodista, pero seguramente a Joe le pareció una broma divertida. Como tú dices, no creo que podamos hacer nada ahora, más que soportarlo. Pero si llego a encontrar a Joe Vickers, le voy a decir tantas cosas que no se va a olvidar con facilidad. Yo querÃa que Marshall suspendiera nuestra suscripción, pero él se rió y dijo que la edición de hoy era la única con algo legible en un año. Se lo toma a broma y no para de reÃrse. ¡Y es otro metodista! En cuanto a la señora Burr, de Upper Glen, es obvio que se pondrá furiosa y dejarán la iglesia. Claro que no será una gran pérdida desde ningún punto de vista. Los metodistas se los pueden quedar con mucho gusto.
—La señora Burr se lo tiene merecido —terció Susan, que tenÃa una vieja enemistad con la dama en cuestión y se habÃa divertido mucho con la referencia que hacÃa Faith en su carta—. Ya comprobará que al pastor metodista no podrá engañarlo en el salario con lana mala.